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Pedaleando Camboya (1. De Siem Reap a Stung Treng) / Le Cambodge en pédalant (1. De Siem Reap à Stung Treng)

noviembre 22, 2012

Clique ici pour lire le texte en français.

(Del 15 al 23 de septiembre)

15 de septiembre de 2012. Llevamos casi 7 meses de viaje: 205 días, para ser exactos. Hemos cruzado 11 fronteras, visitado 7 países. Ya no llevamos la cuenta del número de autobuses y barcos que hemos cogido en este tiempo, de los kilómetros recorridos, de los albergues en los que hemos dormido. Cuando, a las diez de la mañana (no antes porque estaba lloviendo) fijamos nuestras mochilas a los portaequipajes y nos subimos a lomos de las bicicletas, no tenemos ni idea de que estamos a punto de empezar una de las mejores partes de esta aventura, el viaje dentro del viaje, como si tras abrir un sinnúmero de muñecas rusas nos hubiéramos encontrado, inesperadamente, con que una de ellas fuera de oro.

No somos ambiciosos: enfilamos tímidamente la carretera que va de Siem Riap a Phnom Penh, dispuestos a avanzar unos 45 kilómetros; queremos ir hacia el nordeste, pero nos guardamos en la manga el as de descender directamente a la capital, por si acaso no nos sintiéramos capaces de recorrer el camino previsto. Para nuestra sorpresa, las mochilas no nos pesan en exceso, y avanzamos despacio, midiendo nuestras fuerzas, pero sin cansarnos, empujados por los miles de hellooooooooooo que nos gritan los niños al borde de la carretera; acabamos recorriendo 15Km. más de lo previsto: no es que vayamos más lejos, es que en el lugar donde queríamos dormir (Kampong Kleang, a orillas del lago Tonlé Sap) el policía del pueblo nos dice que está prohibido pasar la noche, así que tenemos que regresar a Dam Dek.

Vuelta a casa / Retour à la maison

Al día siguiente descansamos: visitamos Kampong Kleang, su pueblo flotante y el lago Tonlé Sap. El tercer día recorremos unos 60Km. y llegamos hasta Stong, todavía en la carretera nacional hacia Phnom Penh, pero ya lo tenemos claro: al llegar a Kompong Thom tomaremos la carretera de Stung Treng, y desde esa ciudad cercana a la frontera con Laos bajaremos a la capital siguiendo el curso del río Mekong. Han sido tres días de campos de arroz hasta donde nos alcanzaba la vista, búfalos, motos cargadas hasta lo inverosímil, perros tumbados tranquilamente en medio del paso, bicicletas desbordando niños, pescadores atrapando los peces de los arrozales en las orillas de la carretera, pollos corriendo el riesgo de enredarse en nuestras ruedas, sol abrasador, gente dispuesta a entenderse con nosotros por encima de las barreras lingüísticas. ¿Cómo resistirse a la tentación de seguir viajando así?

Arrozal / Rizière

El cuarto día, pues, salimos de Kampong Thom con la intención de visitar las ruinas pre-angkorianas de Sambor Prei Kuk, ya camino del norte, pero el barro de la carretera por la que queremos desviarnos nos impide avanzar. Las dudas nos invaden -¿será así el resto del camino?- y acabamos decidiendo no abandonar las nacionales y seguir hacia el sur para remontar el Mekong por sus riberas. Después de 60Km. y de visitar el templo de Wat Phnom Santuk, un moto-taxista nos convence de nuestro error y nos traza un itinerario seguro (él lo ha recorrido en época de lluvias, hace un año). Cambiamos de idea inmediatamente y recorremos los 20Km. de regreso a Kampong Thom: hemos hecho 80Km. para regresar al punto de partida, pero ahora sabemos con seguridad que nuestro camino es factible.

El paisaje cambia completamente en cuanto nos adentramos en las carreteras que llevan al norte: los arrozales van escaseando, aumenta el número de árboles, aparecen las cuestas (no muy pronunciadas, pero lo suficiente como para que las mochilas nos pesen) y las poblaciones, que antes se estiraban interminablemente a ambos lados de la carretera, comienzan a ralear: ahora podemos estar un buen rato pedaleando sin encontrarnos ningún pueblo.

Pescador / Pêcheur

Poco a poco nos hemos acostumbrado a abrasarnos bajo el sol, a confiar en nuestras piernas, que pedalada a pedalada nos llevan cada día a nuestro destino. Nos hacemos más exigentes en el número de kilómetros diarios, pero a veces los cielos no nos sonríen: llegados a Phnom Dek, Ana se pasa una noche haciendo paseos al baño y decidimos quedarnos un día para descansar; cuando nos queremos marchar, acabamos volviendo dos veces al pueblo por un pinchazo de Chris. Al rato, una lluvia torrencial nos retrasa como una hora, la bici de Ana le toma gusto a lanzarse a los charcos (hasta el punto de que la ropa se moja dentro de la mochila) y cuando por fin hemos retomado el ritmo  nos encontramos con que al otro lado de un puente desaparece el asfalto. Las carreteras de tierra no nos dan miedo, pero un poco más allá el monzón se ha aliado con unas obras, transformándolo todo en un barrizal en el que somos incapaces de avanzar. Lo conseguimos, claro, con esfuerzo y muchas paradas para quitar el barro que se acumula en el interior del guardabarros y hace de freno (así entendemos el origen de la palabra guardabarros). Dos días antes habíamos hecho 80Km. sin excesivo esfuerzo; hoy, tras sólo 45, no podemos más. Encontramos una guesthouse en Kampong Putrea y nos acostamos deseando haber acabado el peor día del viaje.

Atrévete a pasar / Oses-tu passer?

El desayuno local, al que ya nos hemos acostumbrado (sopa de noodles y café con leche condensada), nos da fuerzas para encarar el día siguiente, en el que las carreteras embarradas (aunque no tanto) siguen siendo la tónica. No podemos, sin embargo, llegar a Stung Treng, como nos habíamos propuesto, y cuando sentimos que las piernas nos pesan demasiado y que la tormenta que nos sigue desde hace rato parece que va a alcanzarnos, decidimos quedarnos en el primer pueblo por el que pasamos, y que resulta ser Sam Ang, un pueblecito sin guesthouse en el que, tras preguntar a los vecinos, tomamos una casa abandonada como precario refugio (las goteras nos hacen temer una noche pasada por agua). No por mucho tiempo: un chico se nos acerca y consigue que entendamos, tras muchas dudas y risas, que nos está invitando a su casa. Dicho y hecho: al rato estamos cómodamente instalados en el amplio hueco que queda entre el piso y el suelo (aquí las casas se construyen elevadas, sobre pilares, por las lluvias). La amabilidad de esta familia es tal que no consienten en que pongamos nuestras hamacas entre los pilares, sino que nos ofrecen una cama (un soporte duro, de madera, que los camboyanos usan para sentarse o para dormir, con una esterilla y una mosquitera), nos prestan sus palanganas para que nos duchemos (en la fuente del pueblo: así se hace aquí) y nos invitan a cenar (unas sardinas con tomate acompañan a nuestro arroz, que tomamos en el suelo). Ayudados por el mapa, la guía de viaje, nuestro glosario local, un pequeño libro con iconos, un papel, un boli, muchos gestos y toda la buena voluntad del mundo, la sobremesa se convierte en un divertido intercambio cultural…

Sobremesa / Discussion

Definitivamente, tuvimos suerte de no llegar a Stung Treng.

Más fotos aquí

LE CAMBODGE EN PÉDALANT: 1. DE SIEM REAP A STUNG TRENG (du 15 au 23 septembre)

15 septembre 2012. Ça fait quasiment 7 mois qu’on voyage : 205 jours pour être exact. On a traversé 11 frontières, visité 7 pays. On ne compte plus le nombre de bus et bateaux qu’on a pris pendant tout ce temps, ni les kilomètres parcourus, ni les auberges où nous avons dormi. Quand, à dix heures du mat’ (pas avant parce qu’il pleuvait), on attache nos sacs à dos sur les porte-bagage et on monte sur nos bicyclettes,  on n’a aucune idée qu’on est sur le point de commencer une des meilleures partie de notre aventure, le voyage au sein du voyage, comme si après avoir ouvert une énième poupée russe, on avait trouvé, de manière inespérée, qu’une d’elle était en or.

Nous ne sommes pas trop ambitieux : nous entamons timidement la route qui relie Siem Reap à Phnom Penh, prêts  à faire 45 kilomètres ; nous avons envie d’aller vers le nord-est, mais on se garde dans la manche la possibilité d’aller directement à la capitale, au cas où on ne se sent pas capable de faire tout le chemin prévu. A notre surprise, nos sacs à dos ne pèsent pas trop lourd, et nous commençons à avancer doucement, en mesurant nos forces, mais sans trop se fatiguer, poussés par les centaines de hellooooooo  que nous crient les enfants au bord de la route ; on finit par faire 15km de plus : c’est pas qu’on aille plus loin, mais à l’endroit où on voulait dormir (Kampong Kleang, au bord du lac Tonlé Sap) le policier du village nous dit qu’il est interdit de passer la nuit, et nous devons retourner à Dam Dek.

Vuelta a casa / Retour à la maison

Le jour suivant, on se repose : on visite Kampong Kleang, son village flottant et le lac Tonlé Sap. Le troisième jour on fait 60km et on arrive à Stong, toujours sur la nationale qui va à Phnom Penh, mais c’est décidé, en arrivant à Kompong Thom on prendra la route vers le nord pour rejoindre Stung Treng, et depuis cette ville proche de la frontière avec le Laos, on descendra vers la capitale en longeant le Mékong. Ça a été trois jours de champs de riz à perte de vue, buffles, motos chargées de manière invraisemblable, des chiens allongés au milieu du chemin, des vélos ensevelis sous les enfants, des pêcheurs attrapant les poissons des rizières au bord de la route, des poulets courant le risque de se prendre dans nos roues, de soleil brûlant, de gens prêts à se comprendre avec nous malgré la barrière de la langue. Comment résister à la tentation de continuer à voyager comme ça ?

Arrozal / Rizière

Le quatrième jour, on part donc de Kampong Thom avec l’intention de visiter les ruines pré-angkoriennes de Sambor Prei Kuk, vers le nord, mais la boue sur la route sur laquelle tourner nous empêche de continuer. Le doute nous envahit – ça sera comme ça sur le reste du chemin ? – et on finit par se décider de faire demi-tour et de rester sur la nationale et continuer vers le sud pour ensuite remonter le Mékong. Après 60km, et avoir visité le temple de Phnom Santuk, un chauffeur de moto-taxi nous convainc de notre erreur et nous trace un itinéraire sûr (il l’avait fait en saison de pluie l’année précédente). On change de nouveau d’avis et faisons les 20km de retour à Kampong Thom ; nous avons fait 80km pour retourner au point de départ du matin, mais on est sûr que le chemin qu’on voulait faire est faisable.

Les paysages changent complètement autour de la route qui va vers le nord : les rizières disparaissent et le nombre d’arbres augmente, des montées apparaissent (pas trop prononcées, mais suffisamment pour que nos sacs à dos se fassent sentir) et les groupes de maisons qui avant s’étiraient de chaque côté de la route commencent à se faire plus rares : maintenant, on pédale on bon bout de temps sans traverser de village.

Pescador / Pêcheur

Peu à peu on s’habitue à cuire au soleil, et à faire confiance en nos jambes qui coup de pédale après coup de pédale nous amènent tous les jours à notre destination. On devient plus exigeant sur le nombre de kilomètres journaliers, mais parfois la chance ne nous accompagne pas : arrivés à Phnom Dek, Ana passe une nuit à faire des allers-retours aux toilettes, et on décide de rester un jour à se reposer ; quand on veut repartir, on finit par revenir deux fois au village à cause d’une roue crevée de Chris. Peu après, une pluie torrentielle nous retarde environ une heure, le vélo d’Ana prend goût à se jeter dans les flaques (au point de mouiller les vêtements dans le sac à dos) et quand finalement on a repris le rythme, à la sortie d’un pont, on voit que la route n’est plus bitumée. Les routes en terres ne nous font pas peur, mais la mousson s’est jointe aux travaux laissant une mélasse dans laquelle on n’arrive plus à avancer. On finit par passer, mais avec beaucoup d’effort et de nombreux arrêts pour enlever la boue qui s’accumule dans le garde-boue et freine la roue (c’est  l’occasion de comprendre l’origine du mot « garde-boue » !). Deux jours auparavant on avait fait 80km sans effort excessif ; aujourd’hui après 45km, on n’en peut plus. On trouve une guesthouse à Kampong Putrea et on se couche en espérant avoir laissé derrière la pire partie du voyage.

Atrévete a pasar / Oses-tu passer?

Le petit déj local auquel nous nous sommes habitués (soupe de noodles et café au lait concentré) nous donne l’énergie pour la journée suivante durant laquelle les routes pleine de boue (pas trop quand même) sont la règle générale. Nous ne pouvons pas, cependant, arriver à Stung Treng, comme on s’était fixé, et quand on sent que les jambes pèsent trop et que l’orage qui nous suit depuis quelque temps parait nous rattraper, nous décidons de nous arrêter dans le premier village que nous traversons, qui résulte être Sam Ang, un petit village sans guesthouse, où après avoir demandé aux voisins, nous prenons comme précaire refuge une maison abandonnée (les trous dans le toit nous font craindre une nuit humide). C’est de courte durée : une personne s’approche et arrive à nous faire comprendre, après de nombreux doutes et rires, qu’elle nous invite à sa maison. Aussitôt dit, aussitôt fait : nous sommes bientôt installés confortablement dans le grand espace qu’il y a entre le plancher de la maison et le sol (ici les maisons sont construites surélevées, sur des piliers, pour la pluie). L’amabilité de cette famille est telle qu’ils ne vont pas nous laisser mettre nos hamacs entre les piliers, mais nous offrir un lit (un support dur, en bois, que les Cambodgiens utilisent pour s’assoir ou pour dormir, avec une natte et une moustiquaire), ils nous prêtent leur bassine pour que nous nous douchions (à la pompe à eau du village : c’est comme ça qu’on fait ici) et nous invitent à dîner (des sardines à la tomate accompagnent notre riz que nous prenons assis par terre). Avec l’aide de la carte, du guide de voyage, de notre glossaire local, d’un livre d’icônes, d’un papier et d’un stylo, de beaucoup de geste et de bonne volonté, la table du dîner se transforme en un échange culturel très amusant…

Sobremesa / Discussion

Décidemment, nous avons eu de la chance de ne pas arriver à Stung Treng.

Plus de photos par ici.

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5 comentarios leave one →
  1. Michel permalink
    noviembre 22, 2012 7:38 pm

    Como me encanta vuestro viaje…. Jalo jalooo …

  2. Mª Pilar permalink
    noviembre 23, 2012 12:53 am

    ¡Que largos se han hecho estos días sin vuestras noticias!
    Pero la espera ha merecido la pena.
    Las nuevas fotos son preciosa.Besos.
    Mª Pilar.

    • noviembre 28, 2012 3:09 pm

      ¡Muchas gracias! Lo sentimos por los días sin dar noticias, pero hay sitios donde no podemos acceder al blog… ¡A cambio, vais a tener un empacho en las próximas semanas!

  3. Papá permalink
    noviembre 24, 2012 7:51 pm

    Una maravilla ¡como me gustaría estar unos días con vosotros!

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