Skip to content

Caraïbes (2) – La Guajira, la pointe de l’Amérique / Caribe (2) – La Guajira, el extremo de America

septiembre 7, 2012

Ir al texto en español

Du 11 au 14 août
Après avoir passé deux jours à mettre le blog à jour (vous avez dû noter une avalanche d’entrées) depuis Santa Marta qui est devenu notre base dans les Caraïbes, on met le cap vers la péninsule de la Guajira qui se trouve être la région la plus au nord de l’Amérique du Sud.
On fait un premier arrêt à Palomino, un petit village au bord de la mer, avec une plage immense de sable blanc, qui a aussi ses cocotiers. Ce n’est pas aussi beau qu’au parc Tayrona et il n’y a pas de criques avec des eaux plus calmes (grosses vagues et un peu de courant), mais il y a beaucoup moins de monde et c’est bien agréable. On dort encore dans un camping en hamac, et comme il n’y a pas d’eau courante, la douche se fait en sortant l’eau du puits, et en utilisant une tasse pour se mouiller ! C’est encore l’occasion de manger les noix de coco, et de se faire un rhum-jus de fruit frais sur la plage !

Playa de Palomino

On repart le lendemain vers Cabo de la Vela, où on accède en prenant un 4×4 qui fait transport de marchandise et taxi collectif depuis Uribia, le dernier village servi par la route asphaltée. On est dans le pays des Wayuu, les indigènes de la région, qui ne se sont jamais vraiment fait colonisés, et qui vivent de part et d’autre de la frontière avec le Vénézuela. Dans notre 4×4, le reste des personnes sont des Wayuu, et une femme et son fils ne parlent pas du tout Espagnol.

Le 4×4

On arrive à Cabo de la Vela en traversant des zones désertiques où ne poussent plus que quelques arbustes. Le village s’étend autour d’une seule rue, le long d’une baie aux eaux tranquilles et turquoises. Bien qu’un gouvernement ait connecté le village par des câbles électriques, au final l’électricité n’arrive pas, et les gens ont des générateurs chez eux, ce qui permet de faire marcher quelques frigos et les mixers pour faire les jus de fruits. Il n’y a pas d’eau courante, et la douche se fait à partir d’un seau d’eau. On dort dans les chinchorros, les hamacs locaux, un peu plus large, et avec des franges sur les côtés qui permettent de se couvrir quand la brise rafraîchit la nuit (mais ça ne sera pas le cas pendant les deux nuits que nous y passons).
On goûte aux spécialités locales : la langouste et la chèvre. On traine sur la plage, on bronze on fait la sieste. On fait aussi une petite excursion pour aller à une autre plage, mais en général notre niveau d’activité est assez réduit : ici le rythme est tranquille dans ce village du bout du continent. Bon c’est quand même assez touristique : on croise pas mal d’étrangers, mais on sent que ce n’est rien au vue des nombreux hostels fermés pour la basse saison. Il paraît que c’est vraiment à éviter à la haute saison ! (ici le tourisme est plutôt national et se concentre autour des mois de décembre et janvier ; ça surprend de savoir que tant de gens s’aventurent dans un long voyage inconfortable pour aller à la plage).

Cabo de la Vela

Au nord du Sud / En el norte del sur

Après deux jours passés presqu’au bout du continent, on décide de ne pas aller à Punta Gallinas, la pointe extrême, et de passer plutôt quelques jours dans la sierra qu’on a pas encore visité, avant de quitter définitivement la Colombie et l’Amérique du Sud. Et on repart donc en enchainant 4×4, bus local et bus de nuit, vers Bucaramanga dans la sierra orientale.
On avait approché la pointe sud de l’Amérique (au final, on n’avait pas été à Ushuaïa), et là on était au confins nord du continent, on commence à sentir vraiment que la fin de la première partie du voyage approche !

Plus de photos par ici!

LA GUAJIRA, EL EXTREMO DE AMÉRICA

(del 11 al 14 de agosto)
Tras pasar dos días poniendo el blog al día (a ellos corresponde la tormenta de entradas que ya visteis) en Santa Marta, que fue nuestro cuartel de operaciones en el Caribe, partimos hacia la península de la Guajira, la región más al norte de América del Sur.
La primera parada es en Palomino, un pueblecito costero con una playa inmensa de arena blanca y sus correspondientes cocoteros. No es tan bonito como el Tayrona y no hay playas de aguas tranquilas (la corriente es bastante fuerte), pero hay mucha menos gente y se está fenomenal. Volvemos a dormir en camping-hamaca, y como no hay agua caliente nos duchamos sacando agua del pozo, con una taza para mojarnos. Seguimos comiendo cocos, aunque aquí el ron lo usamos para darles un poco de alegría a los jugos de frutas en la playa, que tampoco es mal uso…

Playa de Palomino

Al día siguiente seguimos el camino hacia Cabo de la Vela, población a la que se accede atravesando el desierto en un 4×4 (que es a la vez transporte de mercancías y taxi) desde Uribia, último pueblo al que llega la carretera. Estamos en las tierras de los wayuu, indígenas que nunca fueron colonizados y viven a uno y otro lado de la frontera con Venezuela. En el 4×4, todos nuestros compañeros de viaje son wayuus, e incluso encontramos una madre y un hijo que no saben hablar español.

Le 4×4

Llegamos al Cabo de la Vela atravesando un desierto donde lo más alto que crece son arbustos. El pueblo consiste en una sola calle que corre paralela a una gran bahía de aguas turquesas y tranquilas. Hay postes y cables de luz, pero la electricidad no llega, aunque alguna gente tiene generadores, que les permiten conectar sus neveras y (muy importante) las batidoras para hacer jugos. No hay agua corriente, así que la ducha se simplifica de nuevo: un, y tomando muchas precauciones, pues aquí el agua dulce escasea. Dormimos en chinchorros, las hamacas locales, que son un poco más anchas que las otras y tienen, en los costados, algo de tela extra para taparse cuando refresca por la noche (cosa que, por cierto, no ocurre en las dos noches que pasamos aquí).
Las especialidades locales son la langosta (buenísima) y el chivo (que tampoco está mal). Dedicamos los días a pasear por la playa, ponernos morenos y dormir la siesta. También hacemos algunas excursiones para visitar otras playas, pero en general nuestro nivel de actividad está bajo mínimos: este pueblo en los confines del continente impone un ritmo tranquilo. Y curiosamente conserva este ritmo a pesar de ser bastante turístico: vemos no pocos extranjeros, aunque parece que no es nada, pues hay muchísimos hostales cerrados porque estamos en temporada baja (aquí el turismo es básicamente nacional y se concentra en los meses de diciembre y enero; sorprende, en cualquier caso, que tanta gente se aventure a un largo e incómodo viaje para ir a la playa).

Cabo de la Vela

Au nord du Sud / En el norte del sur

Tras dos días cerca del norte del sur, acabamos decidiendo no ir a Punta Gallinas, que marca verdaderamente el extremo meridional de Sudamérica (y que queda a un largo viaje de aquí, en 4×4 y barco) y dedicar nuestros últimos días a la sierra colombiana, que todavía no hemos visitado, antes de dejar definitivamente el país y el continente. Estamos a un día de camino (en 4×4, bus local y bus nocturno) de Bucaramanga, en la Sierra Oriental.
Con nuestros acercamientos no consumados a los extremos de Sudamérica (el de Ushuaya y este), empezamos a darnos cuenta de que hemos recorrido el subcontinente de sur a norte, y que el final de la primera parte del viaje se acerca…

Más fotos aquí!

Anuncios
No comments yet

Deja un comentario / mets un commentaire

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: